MANCHA NEGRA

La multinacional estadounidense Drummond está enfrentando una crisis que no sólo afecta su imagen y reputación, sino que genera conmoción en la industria de la minería y en la economía colombiana.
 
El 13 de enero se derramaron aproximadamente 300 toneladas de carbón cerca de las playas de Santa Marta provenientes de una barcaza de Drummond. Después de que los ejecutivos de la compañía mantuvieran silencio durante un mes, hoy Drummond está intentando mitigar la crisis y aclarar los hechos por los que se le acusa de malas prácticas.

El escándalo salió a la luz a partir de la denuncia hecha por Alejandro Arias, abogado ambientalista, quien publicó en su blog fotos de la barcaza de la compañía mientras arrojaba carbón al mar. La denuncia se difundió en las redes sociales hasta el punto que los medios de comunicación recogieron la información y la amplificaron, viralizando la noticia.

Aprovechando la visibilidad de la crisis en las redes sociales, la exsenadora Piedad Córdoba propuso una campaña en Twitter en contra de la compañía para ejercer presión y lograr una sanción significativa a la multinacional. Por otra parte, Clara López, presidenta del Polo Democrático Alternativo, también aprovecho la crisis y acusó que “la entidad no cumple de manera adecuada con las responsabilidades adquiridas, con los protocolos de seguridad industrial y las autoridades competentes han sido indolentes y tolerantes”.

Como consecuencia de la crisis, la reacción del gobierno por medio de las autoridades ambientales, fue inmediata. La ANLA ordenó una investigación y el cierre temporal del puerto de embarque lo que perjudica económicamente tanto a accionistas como a trabajadores. Como condición para devolver la licencia del uso del puerto, la ANLA exigió a la compañía que actualizara su Plan de Contingencia donde se detallan las acciones que debe tomar la empresa para prevenir y responder ante los accidentes de este tipo. 

En lo que muchos consideran una respuesta tardía y poco responsable, un mes después del derrame, Drummond rompió el silencio. Se comprometió a investigar sobre las causas y consecuencias del derrame de carbón, así como a responder por los daños ambientales que generó en accidente. Como toda respuesta ante una crisis, la compañía busca disminuir los daños a la imagen y reputación corporativa. Pero ¿será demasiado tarde?
En este mundo hiperconectado, ¿genera más polémica y desprestigio ocultar una crisis que enfrentarla oportuna y transparentemente?

Algunos de los casos más polémicos con los que se asocian accidentes industriales en el sector de hidrocarburos y el daño a la reputación de grandes empresas son:

- Exxon Mobil: en el 2011, una fuga de petróleo en uno de los oleoductos de la empresa en Yellostone, Montana generó uno de los desastres ambientales más grandes de Estados Unidos. Además, en el 2012, la compañía protagonizó underrame de petróleo en Nigeria, que contaminó una de las áreas pesqueras más importantes del país.

- British Petroleum: luego del derrame de petróleo en el Golfo de México en 2010, la compañía británica no sólo tuvo que iniciar planes de contención, de emergencia y de limpieza por el derrame, sino que tuvo que emprender estrategias de comunicación en las redes sociales para contener los daños que ocasionó el accidente a su imagen.
La empresa tuvo que comprar anuncios publicitarios en Google y pedir a los creadores de una cuenta falsa en Twitter, que parodiaba la respuesta que dio la compañía en materia de relaciones públicas ante el desastre ambiental, que aclararan que no era la cuenta oficial de la compañía. Dicha aclaración no sólo buscó contrarrestar la crisis sino también evitar que el número de seguidores de este usuario siguiera creciendo.
Exxon Valdez: en 1989, el barco petrolero derramó 38 mil toneladas de petróleo en Alaska. La contaminación del mar ocasionó que el derrame afectara más de 2 mil kilómetros de costa afectando a la industria pesquera.